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TH n°120 PRISCILLIEN UN CHRÉTIEN NON CONFORMISTE. Doctrine et pratique du priscillianisme du IVe au VIIe siècle

TH n°120 PRISCILLIEN UN CHRÉTIEN NON CONFORMISTE. Doctrine et pratique du priscillianisme du IVe au VIIe siècle

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Date d'ajout : dimanche 11 janvier 2015

par Manuel Jos CRESPO LOSADA

REVUE : APOCRYPHA 24, 2013
AUTEUR : Manuel José CRESPO LOSADA, Facultad de Literatura cristiana y clásica « San Justino ». Madrid.

Esta monografía sale a la luz con la originalidad de ser el primer estudio sobre Prisciliano en lengua francesa desde que en 1909 E.-Ch. Babut publicara su Priscillien et le priscillianisme.
La tesis defendida por S.J.G. Sanchez es que aunque Prisciliano parece conocer profundamente los postulados maniqueos gnósticos y encratitas, así como el trasfondo fi losófi co que sustenta estos movimientos, su pensamiento doctrinal se alimenta esencialmente de la Biblia y de la tradición cristiana.
En la Introducción, S.J.G. Sanchez manifi esta su intención de estudiar el priscilianismo como un fenómeno religioso, dejando aparte su vertiente social y la trascendencia que en este punto revelan las fuentes posteriores a Prisciliano. El método que declara seguir supone una encomiable tarea pues parte del enfrentamiento directo con las fuentes. Para ello se propone, en primer lugar, evaluar las fuentes directas e indirectas, clasifi cando dentro de las primeras los Tratados del códice de Würzburg y los Cánones paulinos, todos ellos publicados en CSEL 18 por Schepss. En el grupo de fuentes indirectas para el estudio del pensamiento y las prácticas religiosas del movimiento incluye los cánones de los concilios de Cesaraugusta, el primero de Toledo y los dos primeros de Braga, así como las Constituciones apostólicas. Además de las anteriores tiene en cuenta : a) escritos relativos al maniqueísmo, tanto textos provenientes de la secta como lo que él denomina « fuentes indirectas » (que, en este caso, coinciden con la literatura antimaniquea) ; b) textos relacionados con el gnosticismo, ya sean fuentes directas como otras pertenecientes a la polémica contra el gnosticismo (como en el caso del maniqueísmo, aquí identifi ca nuevamente « indirectas » con « adversas ») ; y c) textos relacionados, en una u otra medida, con el platonismo, ya sean de autores clásicos estudiados en la escuela romana, ya tratados de autores neoplatónicos o comentarios neoplatónicos. Basándose en las fuentes mencionadas, el autor se propone contrastar las directas con el amplio grupo de las indirectas, prestando especial atención a los silencios de unas u otras y a las diferencias entre ambas para, por último, situarlas en el contexto de la realidad que vive Prisciliano. El autor restringe el ámbito temporal de su estudio a los doscientos primeros años del priscilianismo, que se extienden desde la denuncia del movimiento por parte de Higino de Córdoba (ca. 370) hasta el segundo concilio de Braga (572).
En el primer capítulo se reconstruyen de modo sucinto los hechos y se presenta la evolución de la imagen de Prisciliano y del movimiento priscilianista en el transcurso de los siglos.
El segundo capítulo se ocupa de las fuentes, que son estudiadas en el ámbito de la problemática que las genera. A modo de conclusión, el autor subraya que el movimiento presenta dos fases, la segunda de las cuales, tras la muerte de Prisciliano, aparece iluminada únicamente por fuentes adversas. A lo largo de este período, el priscilianismo es dibujado como una secta maniquea, primero, y luego como una herejía con identidad propia en cuyos rasgos defi nitorios se perciben netamente los clichés de lo que S.J.G. Sanchez define, con palabras de Madeleine Scopello, como « la gangue hérésiologique ».
Los capítulos tercero a quinto constituyen el meollo del trabajo. Están dedicados a los aspectos ideológicos del movimiento –tanto sus doctrinas (3) como el trasfondo cultural que las alimenta (4)– y a lo que el autor denomina la conducta religiosa de los iniciadores, con Prisciliano a la cabeza (identifi cados con el término « priscilliens »), así como la de los continuadores (a los que llama « priscillianistes »).
El último apartado de su exposición tiene como fi nalidad recapitular los resultados de su investigación para poder responder adecuadamente a la pregunta de la que partía, a saber, si el priscilianismo es un movimiento gnóstico o maniqueo. Un primer acercamiento a la respuesta lo plantea sirviéndose de postulados sociológicos y de tipologías procedentes de estudiosos alemanes como Troeltsch y Weber : según el autor, los priscilianistas responden a relaciones, a la vez, eclesiales, sectarias y místicas ; su cabecilla, Prisciliano, se adapta perfectamente al perfil del profeta carismático que forma una comunidad elitista en la cual no existe intención de separarse de la Iglesia de su tiempo. En segundo lugar, el autor subraya que la acción de las comunidades ascéticas formadas por Prisciliano chocan con los intereses de los obispos de Hispania, toda vez que éstos no estaban dispuestos a aceptar una renovación espiritual. Este conflicto de intereses provoca un enfrentamiento que lleva a los obispos a intentar acabar con sus oponentes. Por último, presenta una relación de motivos por los que Prisciliano, pese a parecer maniqueo o gnóstico en no pocos aspectos (si bien no esenciales), en realidad debería figurar en una hipotética bibliotheca antiquorum dissidentium, donde junto a personajes como Lucifer de Cagliari formaría parte de un « répertoire des non-conformistes religieux de l’Antiquité tardive ». El libro cuenta también con interesantes anexos (bibliografía, cronología y glosario de términos) que, junto con un mapa de la Hispania de los siglos IV a VI, hacen más accesible la obra al lector no experto. La obra cierra con tres índices, de personajes relacionados de alguna manera con los doscientos primeros años del movimiento, de fuentes antiguas y de autores modernos, que permiten una consulta selectiva o puntual.
El libro de S.J.G. Sanchez responde a un esquema bien estructurado. A simple vista, se podría decir que la novedad que aporta respecto de las grandes monografías de carácter general sobre Prisciliano (Babut 1909, Chadwick 1978) es sencillamente la actualización bibliográfi ca sobre los temas clásicos en ellas presentados. Pero es precisamente el cúmulo de pequeñas novedades lo que hace de ella una nueva obra imprescindible en el ámbito de dichos estudios, cuyo volumen aumentapese a la dificultad de comprensión que presentan las fuentes, sobre todo los Tratados de Würzburg. Así, merece la pena enunciar alguno de estos temas que aparecen como novedosos : el de la crisis arriana (p. 137) y el problema de los lapsi en Hispania como contexto en el que surge la llamada contienda priscilianista (hipótesis formulada ya por Simonetti en 1974) ; la doctrina de los tres tiempos (p. 186), presente no sólo en el maniqueísmo y en los Tratados de Würzburg sino, al menos, en toda la tradición platónica (cuestión de la que se percataba Goosen en 1976) ; la tradición escolar, basada en el estudio y aprendizaje de los grandes autores romanos, que se trasluce en expresiones de los Tractatus como potestates uentorum (p. 296), de la que Mario Victorino presenta paralelos de sabor virgiliano (un vínculo que omiten anteriores estudios que tratan este tema), etc.
Interesa destacar, de modo particular, el interés que suscita el capítulo tercero acerca de la doctrina del movimiento. La exposición resulta aquí aún más clara que en apartados precedentes, ya que sigue un orden fijo en el que se presenta, en cada tema, la eventual denuncia de desviaciones que hace Prisciliano en sus escritos, el pensamiento del autor, la doctrina que refl ejan los textos de sus seguidores si los hubiere, y las acusaciones que al respecto presenta la literatura antipriscilianista (véase, por ejemplo, el apartado titulado « Les problèmes trinitaires », p. 155-168). El autor facilita la información que ofrece la literatura secundaria y manifiesta su perspectiva personal sobre las cuestiones en debate amparándose, las más de las veces, en las fuentes directas.
En esta línea, merece la pena elogiar de modo especial la presentación de traducciones de pasajes de los Tratados con los cuales trabaja de modo primordial. Aunque el autor advierte que él no es fi lólogo (como hizo Goosen en su día), la interpretación de los textos, si bien no peca de literal, suele encontrar un sentido más acertado de lo que acostumbran a presentar otros estudiosos. Otro aspecto encomiable es el exhaustivo trabajo de contextualización de los pasajes priscilianeos. A este respecto, es digno de mención el sinnúmero de textos extraídos de diversas fuentes antiguas con los cuales se precisan diversos aspectos de la forma mentis de Prisciliano. Véase el caso, por ejemplo, de la cuestión sobre si Prisciliano es o no modalista (« Le concept de Christ Dieu », p. 162-166), donde se ofrecen fórmulas parecidas a las que resultan « sospechosas » en el oscuro texto de los Tratados. En este punto particular, pese a que el autor se alinea con Babut frente a las opiniones de Orbe, defendiendo la ignorancia teológica de Prisciliano (asunto ciertamente discutible), el cúmulo de citas de autores que, siglos antes, se expresan en términos similares a los de un Prisciliano de finales del siglo IV, resultan de enorme utilidad para demostrar que el autor de los Tratados maneja, conscientemente, formulaciones trinitarias anteriores al Concilio de Nicea.
El autor hace referencia a obras aún no publicadas, como :
S.J.G. SANCHEZ, « Priscillianus », dans R. GOULET (dir.), Dictionnaire des philosophes antiques, Paris, CNRS, vol. 5 « P à R » (p. 204, 290, 292, 306) ; M.V. ESCRIBANO, « L’exclusion sociale de l’hérétique dans le Code Théodosien », dans J.-J. AUBERT, P. JAILLETTE, S. CROGIEZ-PETREQUIN, Le Code Théodosien et l’histoire sociale de l’Antiquité Tardive, 15-17 fév. 2007, Neuchâtel (p. 57) ; J. FONTAINE, « PriscillIen », dans Handbuch der lateinischen Literatur, t. 6 (p. 65) ; S.J.G. SANCHEZ, article à paraître sur « le priscillianisme selon Orose » (p. 67) ; S.J.G. SANCHEZ, « Étude du Liber apologeticus du codex de Wurzbourg » y S.J.G. SANCHEZ, « Trois phases de rédaction dans la composition du Liber apologeticus » (p. 70) ; S.J.G. SANCHEZ, « L’Indiculus de Haeresibus 13-16 du Pseudo-Jérôme : un priscillianisme manichéen ? » (p. 107) ; S.J.G. SANCHEZ, « Priscillien et la culture antique : étude des potestates uentorum » (p. 298) ; S.J.G. SANCHEZ, Les Pères de l’Église et les dissidents. Actes du IVe colloque de La Rochelle, 25-27 sept. 2009, Histoire et Culture, 2010 (p. 449). El lector, frustrada su avidez por saber más, puede caer en cierto desasosiego ante tanta repetición de la fórmula « à paraître » ; un efecto, sin duda, no deseado por el autor. Hubiera sido deseable contar con un índice temático, si no del conjunto, al menos de las interesantísimas notas especiales que, destacadas en negrita, enriquecen la obra entera (p. 58 « Le sens du mot “catholique” », p. 63 « Églises ou Église », p. 75 « L’homilétique priscillienne », p. 101 « Une tradition hérésiologique », p. 139 « Priscillianisme et montanisme », p. 172 « L’Ambrosiaster », p. 183 « Priscillien et Origène », p. 208 « Gnose et gnosticisme », p. 316 « Le rituel baptismal », p. 352 « Jovinien et Vigilance », p. 417 « Les femmes manichéennes », p. 439 « Priscillien et Pélage »). En fin, nos encontramos ante una obra magna que puede ser perfectamente leída por lectores no especializados pero que ofrece, asimismo, una completa puesta al día acerca de los estudios que más recientemente han tratado el pensamiento de Prisciliano y, aún más interesante, la contextualización de dicho pensamiento bajo la luz de las fuentes antiguas.


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